MEMORIA DE PEZ – CAPÍTULO 1

Según dijo Grouxo Marx “es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente”, pero parece que el actor no estaba tan en lo cierto, si no, que se lo pregunten a los peces. Los peces, desde nuestro punto de vista, son animales poco comunicativos, parecen no emitir ningún sonido, en la mayoría de los casos. Y en el caso de que fueran capaces de sentir emociones, poseen la expresividad de un ladrillo al no tener una musculatura facial que les permita realizar muecas o, ni tan siquiera, fruncir el ceño en desagrado cuando son atrapados por un anzuelo.

Esta incapacidad de comunicación entre el conjunto de los peces y el ser humano, la cual se ve reducida a unos últimos coletazos antes de caer en la cesta de pesca es la que hace que se presuponga a los peces como animales carentes de inteligencia, como máquinas que nadan y comen, sin capacidad de evaluar situaciones o aprender de experiencias anteriores.

Y es que no sólo los peces tienen una escasa capacidad de expresión hacia los humanos, sino que, además, su mundo es completamente desconocido a la mayor parte de las personas, las cuales, raramente habrán visto un pez en su medio natural llevando a cabo un comportamiento normal.

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Esta imagen resume el total de las experiencias que buena parte de la población tendrá con los peces a lo largo de su vida.

Pero ¿es esto realmente así? ¿Poseen los peces inteligencia? Esta pregunta se hace complicada de contestar, sobre todo debido a que el concepto de inteligencia es, por desgracia para aquellos que estudian animales alejados del ser humano, sorprendentemente difusa. En esta serie de artículos analizaremos algunas de las capacidades intelectuales y cognitivas de éstos animales para tratar de encontrar una respuesta a dicha cuestión.

MEMORIA DE PEZ

“P. Sherman, Calle Wallaby 42, Sidney”

Existe una gran cantidad de mitos dentro del mundo de la zoología, pero uno de lo más arraigados en la sociedad, uno que se da por supuesto en cualquier conversación de cafetería es la proverbial memoria de los peces. Ya lo conoces, lo has oído hasta la náusea: “los peces sólo tienen 3 segundos de memoria”.

Pues como ya se ha dicho, no es ni más que un mito. Da igual las veces que lo repitas.

De hecho, algunas especies tienen una capacidad de 23333memorización bastante grande, sobre todo si la comparamos con su longevidad. Por ejemplo, los peces de la especie Melanotaenia duboulayi, que viven una media de dos años en la naturaleza, son capaces de recordar la solución a un laberinto de redes incluso un año después de haberlo resuelto por última vez.

Y es que el aprendizaje y el almacenamiento de la información son muy necesarios para la supervivencia. El aprendizaje y la memoria están muy ligados a evitar peligros; por ejemplo, los lucios que han sido atrapados por un anzuelo desarrollan hasta un año lo que se llama “timidez al anzuelo”, que consiste en que el pez evita aquel extraño artefacto metálico que una vez intentó abducirle fuera de su medio.

 

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Pero la memoria en los peces no sólo está relacionada con saber salvar las aletas anales de peligros mediante el aprendizaje. Se sabe que algunos peces tienen una gran memoria espacial y geométrica, algo esperable en animales que se mueven en un ambiente complejo y tridimensional. Algunas especies de gobios de roca, asociados a pequeñas pozas que se inundan durante la marea alta son capaces de recordar el camino de vuelta a su poza cuando son desplazados hasta a 30 metros de distancia, y no sólo eso, si no que recuerdan la posición de las pozas circundantes durante, al menos, 40 días (hasta donde llegó el estudio, básicamente), siendo capaces de volver a casa en la marea alta siguiendo puntos de referencia en el ecosistema.

De hecho, puedes comprobar la buena memoria que pueden llegar a tener los peces en tu propia casa, si tienes un acuario, un experimento sencillo es alimentar a los peces por la mañana a un lado del acuario, y al atardecer en el otro lado. Cuando los peces comiencen a agruparse con anticipación a un lado del acuario a la hora de comer, significa que han aprendido y están recordando el patrón de alimentación. Esto, a peces como los guppies, muy comunes en acuarios, puede llevarle cosa de 14 días, mientras que las ratas tardan de media, ¡sorpresa! 19 días, más que sus primos ectotérmicos. Pero este es un tema más relacionado con el aprendizaje que con la memoria como tal, y será tratado en nuestra siguiente publicación de esta serie.

Ahora, aparta la mirada de la pantalla, mira a tu acuario y contempla a esos peces, recuerda que son capaces de recordar la mano que les alimenta durante más de 6 meses. ¿Y tú? ¿estás seguro de que te has acordado de darles de comer hoy?

Fuentes y más información:

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Los Hijos de Ediacara

GLAUKOMBienvenidos a «Los hijos de Ediacara», una web que fundamos con mucha ilusión los zoólogos miembros de la asociación Glaukos.

¿Cómo? ¿Qué no sabes qué es Glaukos? Aquí te explicamos en que consiste nuestra asociación. Y aquí puedes seguirnos en Facebook y Twitter. El objetivo principal de ésta página no es otro que el de divulgar, debatir y, simplemente, mostrar las maravillas que esconde el mundo animal.

Desde la aparición del más sencillo animal que se arrastrara por el fondo marino del periodo ediacárico, hace 570 millones de años hasta la construcción de complejos nidos por parte de peces globo, en este mismo momento, ha habido un largo camino. Un camino que ha estado sembrado de adaptaciones, extinciones, mecanismos de reproducción, depredación, competencia o mutualismo, y de un sinfin de formas de vida que son los protagonistas de la historia que os contamos.

Mucho queda aún por descubrir tanto de las formas de vida que aún pueblan este planeta como de las que han sido perdidas con el paso del tiempo. Te invitamos a descubrir con nosotros la historia de los probables Hijos de Ediacara.

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