Laguna de Navaseca y Alcázar de San Juan

¡Bienvenidos a la verdadera primera entrada de Cuaderno de Campo!

Hoy os transportamos a las tierras castellanas de Ciudad Real. La verdad que no podríamos haber elegido mejor fecha para publicar esta entrada porque ayer, 2 de febrero, se celebró el Día Mundial de los Humedales; uno de los ecosistemas más ricos y vulnerables que existen.

Lo cierto es que en comparación con otras zonas de la península, no conozco muchísimo la autonomía de Castilla-La Mancha. La única zona emblemática que recuerdo haber visitado es la de las Lagunas de Ruidera. Pero nunca he visitado el Parque Nacional de Cabañeros, ni de Tablas de Daimiel… Así que aprovechando un fin de semana y que vivo en Madrid, me propuse visitar dos zonas que, actualmente, parecen gozar de mejor salud ambiental que sitios más reconocidos : la laguna de Navaseca y el complejo lagunar de Alcázar de San Juan.

Como he dicho antes, vivir en Madrid puede tener muchas ventajas y también inconvenientes, pero es un punto de partida maravilloso para hacer viajes de fines de semana a lugares que se encuentran relativamente lejos.

Escogimos como campamento base Alcázar de San Juan, un municipio situado a 150 km de Madrid (se tarda aproximadamente una hora y media en llegar). Realmente el primer día no tuvimos tiempo para mucho, ya que llegamos por la noche. Pero durante el trayecto en coche siempre se pueden ir observando cosillas (¡si tienes la suerte de ser el copiloto!). No sé si soy muy acertada diciendo esto pero si tuviese que definir Castilla-La Mancha en una palabra, la primera palabra que se me vendría a la cabeza sería: llano.

El paisaje de camino a Alcázar de San Juan es, prácticamente, una carretera recta con campos de cultivo a ambos lados donde se pueden observar grandes acumulaciones de estorninos negros (todos colocados en los cables eléctricos que van paralelos a la carretera) y rapaces (a menudo ratoneros) posados. A mí siempre me parece un paisaje agradable de observar, todo parece mucho más grande. Para una persona que vive enfrascada en una gran urbe como Madrid (como es mi caso) es casi terapeútico poder disfrutar de estas grandes expansiones de campos que parecen no tener final.

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Paisaje de la provincia de Ciudad Real. © Wikipedia

Una vez llegamos a Alcázar de San Juan, soltamos los bártulos y como hacemos casi siempre, abrimos la aplicación de eBird para investigar qué se ha estado viendo últimamente en las zonas que nos interesan. Esta plataforma es una gozada, es como si fuese el Pokemon GO de los ornitólogos.

Al día siguiente salimos relativamente temprano (menos mal que todavía amanece más o menos tarde) hacia nuestro primer destino: la laguna de Navaseca. Esta laguna pertenece a la Reserva de la Biosfera de la Mancha Húmeda, creada en 1980. Está situada a 2 km del pueblo de Daimiel, muy cerquita de las Tablas de Daimiel. En nuestro caso, está tan sólo a 1 hora de Alcázar de San Juan. La verdadera razón por la que decidimos visitar esta laguna en vez de hacer la típica visita a Tablas de Daimiel fue por recomendación de unos amigos. Nos comentarón que la laguna de Navaseca estaba repleta de aves en comparación con las Tablas, así que allí que nos fuimos.

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Laguna de Navaseca

Se llega a la laguna de Navaseca por un corto camino de tierra en muy buenas condiciones que acaba en un pequeño aparcamiento. Nada más llegar se puede ver el primer observatorio donde se encontraban buscando comida ¡varias pollas de agua! Empezábamos bien la mañana. La laguna parecía un territorio bastante abarcable para ver en un día (y así fue), con la mochila en la espalda, prismáticos y cámara colgando del cuello, nos acomodamos en el primer mirador.

Mientras escribo esto me gustaría compartir con vosotros unos datos que yo no conocía de la laguna cuando fui a visitarla y es que el caudal constante de la laguna de Navaseca se consigue gracias a los aportes continuos de agua de una planta depuradora de aguas (EDAR) que se encuentra junto a la laguna. Antes, la presencia de agua dependía de los aporte intermitentes de los acuíferos y la lluvia. Este aporte continuo de agua hizo que esta zona se convirtiese en un importante refugio y hogar de muchas especies de aves.

Nada más asomarnos por el mirador pudimos comprobarlo: pollas de agua, fochas comunes, ánades reales, patos cuchara, tarros blancos, un montón de cercetas, porrones comunes, zampullines comunes y cuellinegros, avocetas, flamencos, ánsares y… ¡la malvasía cabeciblanca!

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De izquierda a derecha: focha común (Fulica atra), pato cuchara (Spatula clypeata), polla de agua (Gallinula chlorophus), cerceta común (Anas crecca), zampullín cuellinegro (Podiceps nigricollis), avoceta (Recurvirostra avosetta) y malvasía cabeciblanca (Oxyura leucocephala).

Podíamos observar ya a las fochas disputándose los territorios (nunca os interpongáis en el camino de una focha enfadada, en los lagos de Covadonga tuve una vez un encuentro con una un tanto tenso), las pollas de agua andando entre el carrizo buscando comida (¡ellas se creen sigilosas, pero para nada lo son!), las cercetas en pareja (esta especie de anátida es de las más pequeñas que podemos observar en España), zampullines tanto cuellinegros como comunes zambulléndose en el agua en busca de comida, una pareja de avocetas haciendo gala de su extravagante pico y la malvasía cabeciblanca, inconfundible silueta (personalmente, uno de las anátidas que más me gustan). Más a lo lejos se veían flamencos y ánsares (a.k.a. “gansos”) y una pareja de aguiluchos laguneros buscándose el desayuno.

La temperatura era muy agradable y no hacía viento. Una vez teníamos explorada más o menos toda la laguna, nos pusimos a mirar atentamente los carrizos, hogar de muchos paseriformes, algunos de ellos las estrellas del lugar: el pechiazul, el bigotudo y el pájaro moscón. Si os dijese que visitamos Navaseca como un destino sin más os estaría mintiendo: íbamos en busca de estos tres pequeños. Os podéis imaginar lo difícil que es: son pequeños, de color marrón clarito y viven entre el carrizo.

 

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De izquierda a derecha: pechiazul (Luscinia svecica), bigotudo (Panurus biarmicus) y pájaro moscón (Remiz pendulinus) © Juan Varela

Si vais a Navaseca, yo os recomiendo que os tiréis bastante tiempo en este primer mirador porque se tiene una panorámica de la laguna impresionante, y a la vez, pasan por delante de las ventanas pequeños pajarillos moviéndose de carrizo en carrizo.

Cuando ya pensamos que habíamos estado un buen rato mirando desde el mirador (¡nunca es suficiente! falta que te vayas para que aparezca el ave que andabas buscando) nos decidimos a hacer el recorrido de la laguna: es muy cortito y hay más observatorios alrededor.

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Itinerarios de la laguna de Navaseca. Nosotros comenzamos justo en el mirador frente al parking (P) y continuamos por la parte central donde se juntan ambas sendas (verde y azul) para luego seguir el itinerario del Cordel de las Lagunas.

Una vez ya en el camino estábamos muy atentos y como para no estarlo: a ambos lados del camino de tierra se levantaban carrizos y espadañas, hogar de estas tres aves (y muchas más) que andábamos buscando. Y sin quererlo ni beberlo, encontramos nuestro primer objetivo: el pechiazul.

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Pechiazul (Luscinia svecica). He de reconocer que es de las peores fotos que he hecho en mi vida, yo las llamo ‘fotos testimoniales’.

Ahí estaba, entrando y saliendo de los carrizos buscando sustento. El pechiazul se asemeja muchísimo al petirrojo pero tiene un babero de color azul inconfundible, una maravilla de la naturaleza vaya, y es que el color azul no es muy común en los animales.

Con este chute de energía, viendo al pechiazul pegar sus saltitos, continuamos el camino. La sensación de conocer lugares nuevos, sus peculiaridades, sus habitantes (emplumados y sin emplumar), el aire fresco, los sonidos lo inundaba todo. Seguro que a los que os guste la naturaleza y el campo entendéis perfectamente de que sensación hablo. Giramos y la segunda sorpresa del día estaba enfrente nuestra. También azul: un calamón.

El calamón es un rálido, y como todo rálido es un bicho raro. Es una mezcla entre gallina y pato de color azul que vive en el agua, con un escudo frontal y patas (muy largas) de color rojo intenso. Es un animal bastante esquivo que hace su vida bajo la protección del carrizo. No sé por qué pero a este calamón le daba realmente igual que estuviésemos a escasos metros de él. Seguía a sus cosas, buscando (como todos) papeo. Me quedé prendada de este bicho, el color azul de sus plumas es simplemente fascinante, así que le hice una especie de book de fotos (como si fuese mi modelo particular) y después se alejó tranquilamente hacia la laguna.

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El confiado calamón (Porphyrio porphyrio) en medio del camino.

Continuamos la ruta, viendo más calamones en el interior de la laguna de Navaseca, una pareja de aguiluchos laguneros que probablemente cría en la laguna, así como bandos de gorriones comunes y gorriones morunos, bastante numerosos en los campos de cultivo. El bigotudo y el pájaro moscón no aparecieron pero la verdad es que nos daba un poco igual, quedaba todo el día por delante. Sin darnos cuenta ya habíamos dado la vuelta a la laguna y estábamos donde habíamos comenzado.

Si sois aficionados a pajarear, seguro que habréis conocido a gente que de repente os ve llegar con unos prismáticos y un telescopio y os pregunta cómo ha ido el día y que habéis visto. Incluso si llevan un buen telescopio os lo han dejado de buen agrado para que echéis un vistazo a lo que queráis. Es una de las cosas que más me gustan del mundo del pajareo: las personas suelen ser muy simpáticas. Conocimos a una pareja de amigos que estaban deseosos de ver el pechiazul así que poco tardé en contarles donde lo había visto. A cambio ellos nos enseñaron una foto muy bonita que acababan de hacerle a un pájaro moscón que estaba entre las espadañas. El hype apareció de nuevo, así que allá que fuimos a intentar encontrarle, pero no hubo suerte.

El pájaro moscón es tremendamente pequeño: en esta foto podéis ver a un macho en una sesión de anillamiento:

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Pájaro moscón (Remiz pendulinus) en una sesión de anillamiento. © Blue Nature

Como podéis imaginar, encontrar a este bicho entre miles de carrizos, en invierno, es muy difícil. En primavera y verano es más fácil porque su nido es inconfundible: un nido tejido con mucho esmero y que cuelga de las ramas de árboles cercanos a ríos y lagos. ¿Qué materiales utiliza para construir este nido? Pues ramas pequeñas y finas, fibras vegetales y animales, telas de arañas y… cómo no, las semillas plumosas de las espadañas (Typha sp.). No pudimos verle, pero si encontramos los restos de un nido. IMG_9331Tendremos que seguir intentando buscar a este pequeño.

A última hora de la tarde sucedió lo que pensamos que no sucedería: ¡apareció el bigotudo! Pero de forma totalmente aleatoria. Habíamos recorrido casi 10 veces el camino, carrizo arriba, carrizo abajo. A mí ya comenzaba hasta dolerme la cabeza del entrecerrar los ojos y del sol, cuando de repente escuchamos la llamada de este paseriforme (¡muy característica! pincha aquí para escucharla) y vimos a varios machos y hembras delante nuestra atusándose entre los carrizos.

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De izquierda a derecha: hembra y macho de bigotudo (Panurus biarmicus).

¡Menuda manera de terminar el día! Algo totalmente inesperado, creedme, mirar entre tanto carrizo es agotador. Pero ahí estaban, un bando de bigotudos en sus quehaceres vespertinos. Unas aves bien chulas.

A la lista también se sumaron verderones, jilgueros, pinzones y escribanos palustres, muy abundantes por este sitio. Como veis, es un lugar increíble, donde pueden observarse algunas de las aves más curiosas e interesantes de nuestro territorio. Podemos añadirle grullas que vimos sobrevolando la laguna, así como gaviotas sombrías y reidoras.

Puedes visitar si quieres las listas eBirds de la Laguna de Navaseca y animarte a visitarlas para seguir engrosando los datos sobre las aves que viven allí. Espero que os haya gustado este primer blog de muchos que están por venir donde os contaremos experiencias de nuestras salidas de campo. No he incluido la excursión al complejo lagunar de Alcázar de San Juan porque ese día hizo un viento exagerado y no pudimos observar gran cosa. ¡Habrá que volver a ir!

¡Hasta la próxima!

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¡Bienvenidos a Cuaderno de campo!

Hace más o menos dos meses que esta idea ronda por mi cabeza. Querría llevaros conmigo a los lugares que he visitado para transmitiros mis sensación y compartir mis avistamientos. Creo que sería una muy buena idea que pudieseis ser, de alguna manera, partícipes de mis experiencias en el campo y serviros como fuente de nuevos sitios que visitar. Por eso me siento muy contenta escribiendo estas líneas: ¡inauguramos una nueva sección en nuestra página web!

El nombre de Cuaderno de campo hace alusión a una simple libreta que, en cada viaje o escapada, se rellena con nombres en latín de muchas especies animales al final de cada día, como un breve resumen de lo observado y de lo sentido.

Espero que os guste leer mis aventuras y que os sirvan para marcar nuevos lugares en el mapa y especies en las guías.

¡Nos vemos en el camino!

Iraida

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Foto en el Parque Nacional de los Cairngorms, Escocia